Vivimos bombardeados de mensajes. Hoy, más que buscar señales, nos estamos acostumbrando a una recepción pasiva de las mismas. Somos un espacio abierto, en el que la decodificación de las preguntas sobre el sentido se ha convertido en nuestra principal misión. Múltiples respuestas llegan a nosotros sin preocuparnos de ir a buscarlas, por eso debemos de filtrar, reconocer qué es lo importante y significativo para nosotros.

La comunicación de nuestra misión se convierte en un nuevo objetivo de la evangelización. Las redes sociales han dejado de ser instrumento para hacerse ambiente de vida donde convivimos y comunicamos nuestra identidad (nuestra acción, nuestro testimonio, nuestro carisma). La finalidad de una comunicación evangelizadora es dar testimonio, anunciar, ser instrumento, tener presencia y hacer propuestas.

Te propongo un nuevo decálogo: los diez mandamientos de una comunicación evangelizadora, una oportunidad para reflexionar cómo anunciamos la Buena Noticia.

  1. Escuchar a todos, sobre todas las cosas. Al escuchar conocemos a nuestra comunidad educativa, descubriendo quiénes son, qué dicen de nosotros, cómo se sienten y cómo influimos en ellos. La escucha es la luz principal en nuestra comunicación. Si no escuchas, trabajas a oscuras, pierdes información y dejas a un lado a quienes te ayudan día a día para seguir creciendo.
  2. No deshumanizarás tu marca, tu carisma. La humanización ofrece exclusividad, aumenta el compromiso con tu carisma y es el arma secreta que nos ayudará a diferenciarnos del resto. Los usuarios quieren ver el nuestro lado más humano, sobre todo, en el espacio digital: habla de manera coloquial y utiliza el sentido del humor evitando una comunicación formal, demasiado fría y corporativa. Una comunicación humanizadora ayuda a que sea sacramento de nuestra misión.
  3. Conócete y no olvides ser un signo visual. Nuestra comunicación no puede ser de fachada, sino de reclamo, de atracción, de posibilidad concreta y de presencia real del Señor en el mundo, posibilitando el encuentro como algo nuevo, como alternativa, como reflejo del verdadero rostro. Pone en valor lo que realmente somos y eso es lo que nos hace exclusivos: la identidad, nuestra personalidad de marca.
  4. No traicionarás tu personalidad. La personalidad de marca no es solo el nombre con el que te identificas, sino que representa los rasgos más humanos con los que te identificas. Son las características emocionales, los valores y las virtudes que te identifican, que te representan como único y distintivo. Mantenerse fiel a tu personalidad lleva consigo conocer y reconocer los elementos que son estratégicamente elegidos para humanizar y dar vida a tu marca, al carisma que te identifica.
  5. Segmenta tus contenidos y cuida la comunicación. La segmentación nos brinda la oportunidad para aprender y mejorar en el conocimiento de las diferentes necesidades, de modo que podamos ofrecer lo que se nos demanda. Con la segmentación, la comunicación se personaliza e individualiza, evitando la reproducción automática de contenidos. Para ello es necesario apostar por un diseño impactante de nuestras acciones, y conseguir de la comunicación un diálogo comprometido que construye y que ofrece posibilidades. Una comunicación segmentada nos invita a alcanzar una comunicación del cuidado, que es capaz de descalzarse ante la dignidad de la persona.
  6. La misión es el objetivo de tu comunicación. Debemos pasar del proyecto a la estrategia, ser capaces de pasar de la definición de objetivos al método para alcanzarlos, implicando los diferentes aspectos. La estrategia es el GPS que indica nuestra localización y el trayecto a recorrer para alcanzar un destino y cumplir una misión.
  7. Prográmate y cumple todos tus objetivos. Una buena programación nos ayudará a transmitir el mensaje de manera ordenada y coherente, y a organizarnos de tal modo que podamos cumplir mejor nuestros objetivos. Para ello es importante no perdernos en la improvisación, y que el diseño de nuestras estrategias nos sirva de brújula. Identificar los mejores momentos para publicar es también un punto de clave. Nos facilita la posibilidad de mantener un diálogo fluido y emocional con nuestra comunidad educativa, comprometerlos con nuestra misión y convertir su voz en contenido de nuestra comunicación.
  8. Evalúa, para hacer crecer tu comunidad. Este mandamiento es elemental para una buena comunicación evangelizadora. Es preciso tener una actitud constante, vigilante y atenta. Para una buena evaluación necesitamos unos objetivos realistas, relevantes y con fecha viable para ser alcanzados. Conocer los resultados de cada una de tus estrategias te permite mejorarlas y tener un mayor control de tus acciones para adaptarte a las necesidades de tu audiencia y ofrecer soluciones a sus problemas.
  9. Permanente, adjetivo ideal para tu formación. Vivimos instalados en el cambio. Dios se comunica a lo largo de la historia y necesita ser recibido en cada contexto temporal y cultural. Para lograr una buena comunicación evangelizadora, no solo necesitamos una buena formación teológica y religiosa, también una formación técnica especializada. Esto implica una serie de áreas en las que tendremos que estar formándonos siempre. Debemos ser capaces de comprender bien el nuevo espacio digital, entrar en él y evangelizarlo.
  10. No temas pedir ayuda, cuenta con un equipo. Una comunicación evangelizadora debe realizarse en equipo con personas corresponsables, autónomas, comprometidas y libres. La profesionalización de los diferentes aspectos de la comunicación nos ayudará a llegar a quienes queremos que toque y transforme nuestro mensaje, a cumplir con nuestra misión siendo fieles a nuestro carisma.

No solo es importante comunicar en nuestros centros, es necesario que nuestra comunicación sea evangelizadora para, en palabras del papa Francisco, “despertar la palabra, porque cada palabra tiene dentro de sí una chispa de vida y este es el primer deber del comunicador”.

Antonio Torres García
Director Área de Evangelización y Pastoral de la Fundación Educativa Santísima Trinidad
@tonitoga