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Enséñame a adorarte

Déjame, Señor, acercarme, solo por un momento y sin hacer ruido, al Belén de la vida donde te nos apareces: lugar alejado, sin acogida, de pobreza absoluta, sin flashes, ni fotos, nada de multitudes. Naciste acostado en el pesebre, en silencio, sin selfies; lejos de micros, pantallas leds o lanyards. Tus padres no habían diseñado un lema, ni hubo notas de prensa. Respiro hondo después de bajar todas las persianas e ir clase por clase apagando las luces olvidadizas. No suenan teléfonos ni timbres. Todos están en casa ya. Sigue leyendo

Encuentros plenos

Lo reconozco, soy de las escépticas. De las que siente que la pandemia se ha llevado algo por delante y ha sembrado muerte y miedo a su paso. Soy de las que piensa que poco se ha salvado a pesar de que ha habido mucha alma buena que lo dio todo para tratar de mitigar algo tanto dolor. La preocupación, el cansancio, el desánimo, la soledad… han sido emociones que han flotado en el aire desde entonces.
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Un encuentro que nos espera

El vivir en una ciudad grande te enseña a aprovechar el tiempo. Yo me muevo en transporte público y me ha tocado aprender a sacarle el máximo partido. Autobuses y metros han sido lugar de estudio, seudo oficina para responder mensajes y correos, lecturas de todo tipo, o formativas o lúdicas… También han sido lugar de dormitar, de llamadas a mi madre o de juegos en el móvil.Sigue leyendo

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