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Que nadie se quede atrás

La educación es un derecho fundamental. Es más, no es solo un derecho fundamental sino el derecho fundamental que garantiza el respeto y el logro del resto de los derechos fundamentales. Garantizar realmente el derecho a la educación hoy supone asegurar que nadie se quede atrás, tal y como propone la Agenda 2030. Supone ser capaces de compensar las desigualdades y de garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos (ODS 4). Por tanto, no debemos aspirar solo a que los alumnos aprueben exámenes o pasen de curso, sino a formar personas que mantengan a lo largo de su vida el deseo de aprender. Este es el gran reto. Un reto que será inalcanzable mientras mantengamos cifras de fracaso escolar como las actuales.Sigue leyendo

25 años de una convicción

En 1995, un grupo de personas apasionadas por el deporte escolar decidió crear, al amparo de la Ley Orgánica del Deporte de 1990, el ente de promoción deportiva Eusebio Millán para el Deporte Escolar (EMDE) con la finalidad de ofrecer, a las 100 entidades afiliadas al mismo y a aquellas que lo solicitasen ser en el futuro, unos campeonatos que promovieran valores entre sus participantes, pero de una forma efectiva y no efectista.

Decidieron llamarlo EMDE, porque Eusebio Millán fue el escolapio que introdujo el baloncesto en España al volver de sus misiones en Cuba, implicándose en el deporte escolar y utilizándolo como instrumento para la educación integral de los alumnos. Este hecho hizo que el nombre fuera ad hoc, pues los fundadores de la entidad y los directivos que luego les han sucedido, siempre han entendido el deporte como una herramienta indispensable para educar a las personas.Sigue leyendo

Hogares del siglo XXI, escuelas del siglo pasado

Ignacio acaba de estrenar su nuevo smartphone. Ignacio tiene 16 años, estudia su último año de la ESO y hasta entonces sus padres no le han permitido tener un teléfono propio. Tal vez porque eran conscientes de que semejante potencia de fuego en unas manos jóvenes, pero sobre todo en un cerebro en formación, podían ser un problema real antes que una ventaja. Teniendo en cuenta que la potencia del procesador que su teléfono inteligente alberga, compite con la de un equipo de sobremesa de hace muy pocos años.Sigue leyendo

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